miércoles, 18 de julio de 2012

Psicología - Williams James


James – Compendio de Psicología


Capítulo primero – INTRODUCCIÓN.


La mejor definición de Psicología es la que da el profesor Ladd diciendo que es la descripción y explicación de los estados de conciencia como tales, entendiendo por estados de conciencia, las sensaciones, deseos, emociones, conocimientos, razonamientos, decisiones, voliciones, etc. En su explicación debe ser comprendido naturalmente el estudio de sus causas, condiciones y consecuencias inmediatas, en cuanto pueden ser determinadas.
La psicología será tratada como una ciencia natural, si tal ciencia tuviese realidad, sería la filosofía un número de conocimientos esbozados, recogidos en diversos dominios y separados uno del otro por simple comodidad práctica, cuyo ulterior desarrollo los lleve a integrarse en el cuerpo de una única verdad.
Todas las ciencias naturales, indiferentes a la reflexión que conduce al idealismo, admiten la existencia de un mundo material objetivo e independiente del espíritu que lo percibe. ( el autor está criticando al Romanticismo)
Como ciencia natural, la Psicología encara sus hechos por el mismo camino parcial y provisional. Además del mundo natural con todas sus determinaciones, que las otras ciencias de la naturaleza admiten, acepta otros datos que le son propios y deja a partes más desarrolladas de la Filosofía la tarea de demostrar su ulterior sentido de verdad. Estos datos son:
  • Pensamientos y sentimientos, o cualesquiera otros nombres que pueden tener, pueden ser conocidos como estados de conciencia transitorios.
  • Mediante estos estados de conciencia llegamos al conocimiento de cosas que pueden ser objetos y sucesos materiales, u otros estados de conciencia.
El problema de cómo una cosa puede conocer a otra pertenece a la Teoría del Conocimiento. Cómo puede existir “un estado de conciencia” es el problema de la Psicología llamada Racional para distinguirla de la Empírica.
La verdad plena sobre los estados de conciencia no se alcanzará mientras la Teoría del Conocimiento y la Psicología racional no hayan dicho su última palabra. Yo considero como Psicología, entendida como una ciencia natural, al conjunto provisional y sobre nociones que de ellos se tienen.
Los hechos mentales no pueden ser adecuadamente estudiados si se los aísla del medio físico del que toman conocimiento. La antigua Psicología racional fue el de erigir al alma en un ser espiritual absoluto dotado de ciertas facultades propias, suficientes para explicar por sí solas las diversas actividades de la memoria, la imaginación, el razonamiento, la voluntad, etc., casi sin referencia a las peculiaridades físicas del mundo con que esas actividades tienen relación. En los tiempos modernos una visión más rica advierte que nuestras facultades interiores se adaptan a los riesgos del mundo. El mundo y el espíritu han evolucionado conjuntamente, lo que equivale a un mutuo ajuste. Esta armonía, parece resultar de un extenso cambio de influencias e interacciones entre el mundo externo y el mundo de la conciencia. La principal consecuencia de este punto de vista es que la vida mental es, ante todo teleológica, o sea, que nuestros diversos modos de sentir y pensar han llegado a ser lo que son a causa de su utilidad para modelar nuestras reacciones sobre el mundo exterior. La Psicología de Spencer era la vida psíquica y la física tienen una misma esencia, “la adaptación de las relaciones internas a las relaciones externas”.
Causalidad psíquica de James: El fin primero y fundamental de la vida psíquica es, una acción de conservación del individuo. Secundaria e incidentalmente se manifiesta en numerosos otros fenómenos, pudiendo, si está mal “adaptada”, llevar a la destrucción al ser a quien pertenece. En su sentido más amplio la Psicología debería estudiar todas las especies de actividades mentales, tanto inútiles y nocivas como las “adaptadas”. Pero el estudio de lo nocivo en la vida mental es objeto de una rama especial, llamada Psiquiatría(la ciencia de lo insano), y el estudio de lo inútil pertenece a la Estética.
Relación mente-cuerpo: Todos los estados mentales son seguidos de una actividad corporal de alguna especie. Todo estado de conciencia sea puro pensamiento o sentimiento, produce consecuencias motoras.
Es preciso estudiar las “condiciones” de los estados de conciencia: Condición inmediata de un estado de conciencia es cierta actividad en los hemisferios cerebrales. Esta proposición se funda en gran cantidad de hechos patológicos y sirve de base a numerosos razonamientos de los fisiólogos, a punto que parece casi un axioma para todo iniciado en los estudios médicos. Para llegar a comprender hasta qué punto se halla nuestro espíritu a merced de accidentes fisiológicos bastará considerar la rapidez con que un golpe en la cabeza, una hemorragia súbita, una crisis de epilepsia, una dosis exagerada de alcohol, de opio, de éter, de protóxido de ázoe, anulan la conciencia, o una taza de café fuerte, bastan para cambiar las ideas que un hombre tiene sobre la vida. Los “nervios” pueden hacer de nosotros, según la ocasión héroes o cobardes. La destrucción de determinada parte de los hemisferios entraña la pérdida de la memoria y de los hábitos motores correspondientes a ella, asunto al que volveremos a propósito de las afasias. Esto se destacará en seguida la concepción simple y radical de que la actividad mental ha de ser uniforme y absolutamente función de la actividad cerebral, variando con ella como el efecto con respecto a la causa.
Esta concepción es la “hipótesis de trabajo” sobre la que descansa toda la “Psicología fisiológica” de los últimos años, y será igualmente la “hipótesis de trabajo”. En consignar que es una ley natural la correlación constante de los estados mentales y los estados psíquicos. La interpretación de la ley en detalle nos hará ver perfectamente donde esta su convivencia y donde sus dificultades. Para algunos será el injustificado materialismo a priori. Indudablemente lo es en cierto sentido, ya que pone lo superior a merced de lo inferior. Pero aunque afirmemos que la aparición del pensamiento es una consecuencia de leyes mecánicas (según la “hipótesis de trabajo” de la fisiología son fundamentalmente mecánicas las leyes de actividad cerebral), no explicamos en absoluto la naturaleza del pensamiento, y en este sentido nuestra proposición no importa una concepción materialista. En estos momentos, la Psicología está en la corriente materialista.
LAS DIVISIONES DE LA PSICOLOGÍA – Son Los estados de conciencia en correlación con sus condiciones nerviosas probables. El sistema nervioso se considera hoy nada más que como una máquina para recibir impresiones y descargar reacciones defensivas para el individuo y la especie. Anatómicamente pueden hacerse del sistema nervioso tres divisiones principales, que comprenden:
  • las fibras que aportan corrientes;
  • los órganos de conmutación central; y
  • las fibras que conducen estas corrientes hacia afuera.
Funcionalmente corresponden a estas divisiones anatómicas la sensación, la reflexión y el movimiento. En Psicología podemos dividir tres procesos conscientes fundamentales y sus condiciones. El primero será la sensación; el segundo, la cerebración o intelección, y el tercero, la tendencia a la acción.


Capítulo XI – LA CORRIENTE DE LA CONCIENCIA.


EL ORDEN DE ESTE ESTUDIO DEBE SER ANALÍTICO. De antemano ha de dar validez a la muy discutible teoría de que nuestros estados de conciencia más complicados son compuestos de unidades. En vez de partir de algo que conozcamos, o sea de sus estados mentales concretos y totales, arranca de una supuesta serie de ideas simples, de las que nunca habían llegado a darse cuenta y acerca de cuya interacción sólo sabe lo que pueda deducirse de una frase más o menos ingeniosa. Por motivos de todo orden se debe pensar, que el método de avanzar de lo simple a lo compuesto puede hacernos caer en la ilusión; así se explica que sea preferido por pedantes y abstraccionistas. Quien ame el conocimiento de la naturaleza en su plenitud preferiría el método analítico, que empieza el estudio por los hechos concretos, es decir, aquellos con que se tiene familiaridad diaria en la propia vida íntima.
EL HECHO FUNDAMENTAL – El hecho concreto fundamental y sobresaliente, es el de que la conciencia de cualquier clase fluye. Los estados mentales se suceden unos a otros en la conciencia. Si se pudiera decir “piensa” con el mismo valor que tiene afirmación “llueve” o “sopla viento”, se habría fijado el hecho con la mayor sencillez, sin postular apenas nada.
CUATRO CARACTERES DE LA CONCIENCIA. - ¿Cómo marcha la conciencia? Cuatro importantes caracteres.
  • Todo “estado” tiende a formar parte de una conciencia personal. (Tiene un asiento en un yo)
  • En cada conciencia personal se hallan los estados en perpetuo cambio. (La conciencia no es fija)
  • Toda conciencia personal es sensiblemente continua.
  • Se halla interesada en unas partes de su objeto, con exclusión de otras, y acepta o rechaza; elige de entre ellas, para decirlo sumariamente.

LA CONCIENCIA ESTÁ EN CAMBIO CONSTANTE. – Ningún estado de conciencia puede volver y ser idéntico con lo que antes fue. Unas veces estamos viendo, otras oyendo; ya razonamos, tenemos deseos, o bien recordamos o esperamos, amamos, despreciamos, y así, en cientos de modos, sabemos cómo se halla ocupada nuestra mente. Pero éstos son estados complejos producidos por la combinación de otros más simples, pero no hay prueba alguna de que una corriente aferente nos dé exactamente la misma sensación corporal dos veces. Lo que se repite es el mismo objeto. Oímos varias veces la misma nota; vemos la misma cualidad de verde y olemos el mismo perfume objetivo o sufrimos la misma especie de dolor. Las realidades concretas o abstractas, físicas o ideales, en cuya permanente existencia creemos, parece que van destacándose iguales ante nuestro pensamiento y nos llevan a suponer, que las ideas que de todo ello poseemos son en todo momento las mismas. El testimonio de la identificación subjetiva de las sensaciones es prueba de escasísimo valor en cuanto a la existencia de un hecho. Toda la historia de lo que llamamos sensación sólo es el comentario de nuestra incapacidad para afirmar si dos cualidades sensibles, recibidas independientemente, son exactamente iguales. Esto nos hace creer que nuestra sensibilidad varía en todo momento, por lo que el propio objeto difícilmente nos puede dar siempre la misma sensación. Nuestra apreciación sensorial es diversa según que estemos dormidos o despiertos, hambrientos o satisfechos o no. A pesar de ello, jamás dudamos de que nuestras sensaciones nos revelan el mismo mundo con las mismas cualidades sensibles. Donde mejor se muestra la diferencia de sensibilidad es en la variación de nuestras emociones de una edad a otra o cuando nos hallamos en estados orgánicos diferentes. A esta suposición indirecta de que las sensaciones, siguiendo los cambios de nuestra capacidad para sentir, se hallan siempre en situación de mutación esencial, se deberá añadir otra suposición, cimentada en lo que debe suceder en el cerebro. Cada sensación corresponde a alguna acción cerebral, y, por lo tanto, para que una sensación idéntica volviera a producirse tendría también que darse por segunda vez un cerebro sin modificar.
Evidente es, que en este caso nuestro estado mental no es nunca precisamente el mismo. El pensamiento de un hecho dado es único, y sólo guarda semejanza de género con otros pensamientos respecto al mismo hecho. Al sobrevenir hechos idénticos habremos de pensarlos de modo nuevo, verlos de un ángulo diferente.
Es muy conveniente formular los hechos mentales según el modo atomístico y considerar los complejos estados de conciencia como construidos de ideas simples incambiables “que pasan y vuelven”, como no deja de ser conveniente considerar que las curvas están compuestas de pequeñas rectas, y que la electricidad y la energía nerviosa son fluidos. Por tanto en un caso como en otro no debe olvidarse que se habla simbólicamente y que en la Naturaleza no existe nada de lo que imaginamos como correspondiendo a nuestras palabras.
DENTRO DE CADA CONCIENCIA PERSONAL EL PENSAMIENTO ES SENSIBLEMENTE CONTINUO. – Puedo definir la continuidad como aquello en lo que no hay interrupción, ruptura, división. Las únicas interrupciones que pueden ser concebidas dentro de los límites en que una mente aislada se desarrolla son: bien los lapsos en que la conciencia desaparece, o bien ciertas rupturas en el contenido del pensamiento, tan súbitas que cuando éste reaparece después no guarda conexión alguna con lo que antes existió. La proposición de que la conciencia se siente como continua significa dos cosas:
  • Que aun cuando se dé un lapso de interrupción, la conciencia se siente después como formado una continuación de la conciencia anterior, integrando el mismo yo.
  • Que nunca son absolutamente súbitos los cambios de un momento a otro en la cualidad de la conciencia.
a)      Cuando Pedro y Pablo despiertan en la misma cama y reconocen que han estado dormidos, recapacitan y no enlazan su despertar sino con una de dos corrientes de pensamientos, interrumpidas durante las horas de sueño. El presente de Pedro se encuentra instantáneamente en su pasado y nunca comete el error de anudarse al de Pablo. El pensamiento de Pablo tampoco está expuesto a desviarse. El pensamiento pasado de Pedro es captado sólo por el presente de Pedro, quien podrá tener acabado conocimiento de los últimos estados mentales de Pablo en el momento en que éste quedará dormido; pero tal conocimiento será enteramente diferente del que posee de sus propios estados mentales pasados; éstos los recuerda, los de Pablo los concibe. El recuerdo es como una sensación directa; su objeto se halla arrebolado de un cierto calor, de una particular intimidad que no alcanza objeto alguno de mera concepción- Esta cualidad de calidez, intimidad o inmediación, es lo que el pensamiento presente de Pedro también posee para si mismo. Tan seguro como estoy de que este presente soy yo, es mio, dice, lo estoy igualmente de que cuanto llegar a mi con igual calidez, intimidad e inmediación, constituirá mi yo, será mio.
Esta comunidad es lo que impide que, a pesar de la interrupción, haya rotura; esta continuidad es causa de que un pensamiento presente, aunque no ignorante de la interrupción, pueda aún considerarse a si mismo como continuo con ciertas porciones del pasado.
La conciencia, no aparece ante sí misma como cortada en trozos sino como una corriente que fluye. La metáfora más apropiada es considerar la conciencia como un “rio”, como un “torrente”. Asi, cuando nos ocupemos de ella, la denominaremos la corriente del pensamiento, de la conciencia o de la vida subjetiva.
b)      Dentro de los límites del mismo yo y entre pensamientos que poseen el mismo sentido de pertenecerse recíprocamente, con cierto género de articulación, hay separación entre las partes: las interrupciones producidas por súbitos contrastes en la cualidad de los segmentos sucesivos de la corriente del pensamiento (por ejemplo: lo que oímos cuando el trueno estalla no es el trueno puro, sino el romper de la tormenta en el silencio y el contraste con él). Nuestra sensación del mismo trueno objetivo, percibido de tal modo, es en externo diversa de la que percibiríamos si el trueno fuese concebido y excluido el silencio; pero la sensación del trueno es también una sensación del silencio recién desaparecido, y seria difícil hallar la conciencia humana concreta actual, una sensación tan limitada al presente que no tuviese un parecido más o menos remoto con algo que fue.


Imágen: (estados de conciencia)



1 comentario:

  1. Está muy bien.. Agregaria el concepto de aureola que también menciona para explicar los estados de conciencia

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